Lenguaje y habla: ¿Qué hay detrás de ello?

Al igual que hablamos de Henry y el estudio de la amnesia en la entrada anterior, algo parecido ocurrió con los problemas del lenguaje. Muchos estudios clínicos en pacientes con lesiones cerebrales nos llevaron al descubrimiento de las principales áreas que se encargan del procesamiento del lenguaje.

Afasias como punto de punto de partida

Los trastornos del lenguaje asociados a una pérdida parcial o total de las capacidades lingüísticas se les denomina afasia. Dependiendo de las funciones afectadas, diferenciaremos distintos tipos de afasia que normalmente vienen dadas por tumores, cirugías, ictus, enfermedades degenerativas u otras algo menos comunes como la encefalitis.

Paul Broca en el 1861 tuvo un paciente denominado Tan-Tan que padeció de una lesión del lóbulo frontal izquierdo que no le permitía ni una buena producción fluida del habla, ni un buen procesamiento gramatical. Esto le conllevó al descubrimiento y bautizo tanto del área de Broca como la afasia de Broca. En estos casos, los pacientes comprenden sin problemas lo que escuchan pero poseen una incapacidad a la hora de articular el habla.

Más tarde, Wernicke en el 1874, describió a pacientes totalmente inversos a lo descrito por Broca. Personas que eran capaces de tener un habla fluida pero que no presentaba sentido alguno y, en este caso, tampoco eran capaces de comprender los mensajes que reciben. Este contexto le conllevó a describir tanto el área de Wernicke como la afasia de Wernicke. Un área localizada en el lobulo temporal izquierdo esencial con la comprensión del lenguaje y en el análisis de ciertas palabras.

También se descubrió que la lesión del fascículo arqueado, ese área que conecta el área de Broca con el de Wernicke, estaba implicado en el déficit de repeticiones de palabras habladas donde los pacientes no pueden codificar la información fonólogica. En este caso, son totalmente conscientes de sus problemas pero incapaces de corregirlos durante el habla (Afasia conductiva).

Se han establecido otro tipos de afasia como la disnomia donde la dificultad yace en producir sustantivos y verbos con una dificultad notable cuando se trata de encontrar palabras. Esto conlleva dificultades de expresión en los paciente aún con un habla fluida y una comprensión conservada. Por tanto, el mundo del lenguaje en cuanto a la neurociencia se torna complicado cuando intentamos desgranar ciertos trastornos que pueden parecer peculiares y se dan, principalmente, en ictus que afectan a regiones muy concretas.

La peor de todas problamente es lo que denominamos como una afasia global que conlleva un deterioro tanto de la producción como de la comprensón del habla. Sin embargo, parecen poder expresarse mediante la entonación, las expresiones faciales y los gestos.

La lateralización del lenguaje

Aunque el cerebro actúa como un gradiente inter-conectado, la verdad es que el lenguaje se encuentra especialmente lateralizado. Algo que se ha demostrado mediante Tests de Wada. Pruebas que no tienen nada ver con el anti-doping, sino más bien con el hecho de anestesiar un hemisferio y determinar el dominio cerebral.

Es algo peligroso con cierto potencial de efectos no deseados y actualmente solo utiliza para pacientes con epilepsia que precisan de cirugía de cara a identificar el hemisferio dominante.

Por otro lado, durante muchos años, se ha asociado nuestro lado dominante con el hemisferio contraleteral. Sin embargo, sabemos que gran parte de zurdos también son dominantes de hemisferio izquierdo. Así que, aunque es algo medianamente relevante, no es una variable del todo fiable.

De hecho, la corteza auditiva es esencial para la comprensión del lenguaje y también encontramos cierta lateralización. Es decir, hay una preferencia por el lenguaje en la corteza auditiva izquierda conjunto una ventaja de la vía auditiva derecha que proyecta en el hemisferio izquierdo. Esto último se ha demostrado con pruebas de escucha, donde cuando dos sonidos se presentan al mismo tiempo, el que proviene del oído derecho llega más rápido al área de Wernicke izquierda.

La importancia de la exposición al lenguaje

Cuando escuchamos a alguien a hablar, en realidad, no hay pausa alguna entre palabra y palabra. Es un sonido continuo donde nosotros inferimos los límites entre palabras individuales. A esto se le denomina como segmentación del habla, una identificación cuando una palabra empieza y termina.

Adquirimos esta habilidad del mismo modo en el cual aprendemos a andar: exponiéndonos a ello. A través de escuchar a las personas hablar, aprendemos a detectar probabilidades de cuando un sonido va de la mano de otro. Hay un aprendizaje estadístico que ya de bebés utilizamos a modo de predicción basándonos en toda variable disponibles: edad del que habla, sexo, acento, dialecto…

A través de la exposición aprendemos ciertas reglas implícitas y conjuntos de propiedades que parecen ser más constantes y regulares, ignorando fuentes que no parecen del todo fiables.

Lectura y el área VWFA

Como adultos con una corteza desarrollada, no leemos las palabras de letra a letra. La lectura es en realidad una habilidad compleja que refleja un alto procesamiento que se asociada a un reconocimiento visual, un procesamiento fonológico de los sonidos, un control oculomotor, un proceso atencional, una memoria de trabajo y un aprendizaje que implique plasticidad.

Como lectores mapeamos las palabras en sonidos. Convertimos la ortografía en fonología. Por ejemplo, somos capaces de detectar una letra con mayor rapidez siempre y cuando se halle en contextos más accesibles (palabras). Si exponemos a una persona a una cadena aleatorias de letras, esta tarea se torna más compleja ya que el cerebro procesa por grupos de letras.

De hecho, sabemos que ante palabras escritas se activa el «Área de Forma Visual de Palabras» (VWFA) que se ubica en la cirunvolución fusiforme izquierda. Parece ser que se activa de forma automática incluso ante la presentación subliminal de palabras donde no somos conscientes de su presencia. Esta área, a parte de en la lectura, también aparece ante objetos visuales. Por ello, algunos autores la catalogan como un centro de computaciones que conecta mecanismos de percepción relacionados con el habla o el lenguaje.

El lenguaje durante el desarrollo

Curiosamente cuando somos bebés, ya presentamos preferencias innatas por el lenguaje. Más específicamente por el idioma nativo que habla nuestra madre, mostrando una tendencia a las vocalizaciones emitidas por los congéneres. Por ejemplo, se tiende a preferir la madre de otras voces femeninas o a distinguir historias que fueron escuchadas antes del nacimiento o canciones que fueron cantadas por la madre. Más tarde, a los 3 meses, se muestra una preferencia a cualquier tipo de habla mucho antes que a vocalizaciones no comunicativas, monos o sonidos ambientales.

Dicho de otro modo, nacemos en cierto modo programados para aprender el método de comunicación humano. Incluso en periodos pre-natales donde percibimos sonidos de baja frecuencia como el tono, el ritmo o la información fonética de la entonación. ¿Cómo somos capaces de ello? La realidad es que los fetos ya son capaces de escuchar a sus madres a través de la conducción ósea.

Deterioros en el reconocimiento de palabras

Hemos aprendido mucho en cuanto a la detección de palabras a través de los trastornos dislexicos donde hay un deterioro en cuanto a la capacidad para reconocer palabras.

Por ejemplo, en la alexia pura los pacientes solo saben leer letra por letra sin un correcto porcesamiento en paralelo donde la dificultad aumenta con la longitud de las palabras. Parece ser que cursa con un daño en la conexión entre VWFA y el lóbulo occipital, afectando a la transmisión de la información visual. A veces se presentan otros signos asociados como la hemianopsia o pérdida de memoria a corto plazo.

Encontramos otros tipos como la dislexia superficial donde hay una incapacidad de pronuncionar correctamente las palabras irregulares conjunto una incapacidad de reconocer la palabra como un todo. Parece ser que media principalmente por un daño en la VWFA.

En el caso de la dislexia fonológica, los pacientes necesitan estar familiarizados con la palabra para poder leer. Normalmente se puede hacer sin problemas a excepción de la presencia de palabras las cuales desconocen.

Por último, mencionaré otro tipo de dislexia: la «profunda». En este caso encontramos errores semánticos cuando leemos palabras. Confundimos por así decirlo famílias leyendo perros en vez gatos por ejemplo. Un deterioro de lo que llamamos conversión de grafema a fonema o del sistema léxico-semántico.

Como vemos, el ámbito clínico nos refleja la complejidad del procesamiento y reconocimiento visual de las palabras y la necesidad de la interconexión de varias áreas corticales para un correcto funcionamiento.

Concluyendo…

La comprensión, el habla, el lenguaje y la lectura son habilidades tremendamente complejas que nos caracterizan como humanos y que han sido clave en nuestro desarrollo. Gran parte de lo que sabemos hoy en día, viene dado por el estudio de casos clínicos que nos lanzaron preguntas de manera constante. Broca y Wernicke fue un gran avance tanto en el habla como en la comprensión, sin embargo hemos visto con otro tipo de afasias como la conductiva la importancia de otras áreas involucradas. En este aspecto, parece ser que el lenguaje muestra una lateralización asociada también a la corteza auditiva. La lectura por su lado es una gran habilidad mediada en parte por la VWFA que puede ser afectada en cierto tipo de dislexias. Finalmente, sabemos que durante el desarrollo ya venimos predispuestos hacia los métodos de comunicación humanos.

Un abrazo,

Javier Picañol

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